Transgénicos versus Semillas Tradicionales

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Les dejamos la segunda parte de la entrevista a María Isabel Manzur, bióloga y doctorada en zoología en la Universidad de Liverpool, hoy directora de la Fundación Sociedades Sustentables. Acá nos cuenta como las semillas transgénicas atentan contra las autóctonas y las ponen en riesgo de desaparecer, y con ellas a nuestra alimentación tradicional.

Ayer te contábamos sobre el Catálogo de Semillas Tradicionales de Chile, trabajo de investigación y recopilación de nuestras semillas originarias que lideró María Isabel Manzur, bióloga doctorada en la Universidad de Liverpool, hoy directora de la Fundación Sociedades Sustentables. Una iniciativa importantísima para preservar nuestra riqueza y patrimonio alimentario, difundiendo y compartiendo nuestras semillas.

Hoy esta segunda parte de la entrevista está centrada en cómo las semillas transgénicas atentan en contra de nuestras semillas tradicionales y, por ende, en nuestra dieta tradicional.

-Sabrosía: Leía que lo que a ustedes les interesaba con el catálogo es incentivar el uso de las semillas tradicionales, ¿esto tiene que ver con el concepto de soberanía alimentaria?

-MIM: Exactamente, el derecho de poder escoger nuestro alimento. Porque nosotros tenemos una dieta tradicional, a de los porotos con riendas, las humitas, la cazuela, y queremos que se conserve nuestra identidad en nuestra dieta. Y esa dieta usa semillas tradicionales. Imagínate que venga Monsanto u otra compañía de semillas y empiecen –y eso es lo que están haciendo- a reemplazar esas semillas por semillas transgénicas.

Todas estas variedades van a desaparecer y nosotros, agricultores o consumidores, si queremos tener semillas, por ejemplo, de este tomate limachino no vamos a poder, porque no van a haber y vamos a estar obligados a comprarles sus semillas de tomate transgénico, duro, sin olor ni sabor a tomate. No queremos depender de las compañías para comer lo que ellos nos impongan a nosotros.

-S: ¿Hay algún proyecto de ley de protección a las semillas tradicionales?

-MIM: Lo que pasa es que estas semillas tradicionales, gracias a dios, todavía son libres. No hay una legislación que impida su circulación. Pero estas legislaciones han sido cambiadas en Europa, y por eso nosotros estamos tan alertas de este tema. Porque en Europa es un delito que yo vaya a un intercambio de semillas. Tú no puedes comercializar, entregar o donar semillas tradicionales que no estén en una lista que esté aprobada.

-S: ¿A qué se deben estas medidas prohibitivas?

Lo que pasa es que estas semillitas les estorban a las compañías semilleras, que quieren abarcar todo el mercado con sus semillas registradas con derecho de propiedad intelectual -por lo que pueden negociar con ellas-. Estas prohibiciones son parte del lobby que hicieron en los gobiernos, diciendo que sus semillas están registradas y estudiadas, mientras que las otras semillas tradicionales, podrían no ser puras. Sin embargo, al ser semillas híbridas, tú la plantas un año y al otro año no se da, en cambio, las semillas tradicionales puedes usarlas todos los años.

– S: ¿Qué beneficios en términos agrícolas tiene cultivar estas semillas tradicionales?

-MIM: Nuestras semillas son fuertes y resistentes. Además, necesitan menos insumos químicos porque están adaptadas al medio. Si hay sequía, plagas o enfermedades van a resistir. Mientras que estas nuevas semillas que vienen criadas de EE.UU. les pasa cualquier cosa y se marchitan y hay que echarles de todo. Tienen muchos requerimientos, son muy débiles. Quizás el maíz choclero rinda menos que estas semillas híbridas rendidoras, pero este maíz no puede guardar las semillas al otro año, no tiene sabor ni olor y también nos hace perder nuestra dieta tradicional. Todo va hilado, la idea es guardar la semilla, para comer una dieta tradicional y saludable, sin transgénicos.

-S: ¿Hay algún riesgo para las semillas tradicionales con las semillas de compañías semilleras tipo Monsanto?

-MIM: Sí, la contaminación por polen. Si tú tienes un maíz transgénico en el campo y a 300 metros esta el maíz choclero de Don René, las dos plantas van a florecer y a echar polen, pero el polen transgénico que se va con el viento, va a fertilizar la flor del maíz de Don René. Esa flor va a dar una mazorca con granos y los granos van a estar contaminados con estos genes, con esta información genética y si Don René va y siembra sus granitos, si lo usa como semilla, la planta que va a salir será transgénica. Entonces el maíz de Don René ya no es el mismo que el sembró, porque la planta dio otra semilla. Ahora es como un mutante, lo cual es muy peligroso y más si están al aire libre.

– S: ¿Para qué se modificaron genéticamente estas semillas?

-MIM: Es un sistema para profundizar la agricultura química y tóxica. Para que las plantas resistan a los herbicidas (glifosato) y a los insectos. Es para, entre comillas, darle facilidad al agricultor para producir, pero finalmente esto no es así. Si este maíz tiene maleza, se rocía con herbicida por avión con lo que se muere la maleza, pero el maíz queda libre, porque tiene la capacidad de tragar veneno y que no le haga mal. Entonces es un maíz toxico. Nosotros queremos una ley que prohíba los transgénicos, porque contaminan el medioambiente y son perjudiciales para la salud humana, ya hay estudios que lo comprueban.

-S: ¿Cómo la gente común puede aportar a mantener esas semillas tradicionales?

– MIM: Mucho se puede hacer. Por ejemplo, tratar de escoger lo nuestro. En la feria ante un choclo dulce que es de semilla norteamericana, elegir el maíz choclero, si hay tomate limachino, comprarlo para incentivar a los agricultores a seguir cultivando.

Otra cosa, tratar de comer alimentos no transgénicos, porque son una amenaza para la seguridad y la sobrevivencia de estas otras semillas, porque se expanden y acaban con estas otras semillas. Los transgénicos son alimentos derivados del maíz, la soya y la canola, que se usan para hacer alimentos elaborados, como las galletas, las vienesas, el aceite de soya. Todo eso puede ser transgénico.

También se puede tener una huerta en casa, donde se pueden hacer guardadores de una semillita que sea, maíces, porotos o ajíes antiguos del campo. Cualquiera puede ser un guardador en su jardín, plantando en recipientes grandes.

Y por último, comer nuestra dieta tradicional, quitar la comida chatarra, porque esta viene de afuera y no nos hace bien, nos quita identidad. Enfaticemos y tratemos de comer nuestra propia comida, con nuestros propios cultivos, como una manera de preservar nuestra identidad culinaria.

Puedes revisar el Catálogo de Semillas Tradicionales de Chile aquí.

Si te interesa, acá te dejamos la primera parte de esta entrevista: “La importancia de nuestras semillas tradicionales: Alimento, identidad y patrimonio culinario”.